Adicciones y COVID

Las semanas de confinamiento por la pandemia del coronavirus han dejado su huella a todos los niveles. También en un importante aumento del consumo de alcohol y ansiolíticos en los hogares hasta el punto de generar adicciones en perfiles vulnerables.

 

El rol de los medios de comunicación sobre las adicciones y COVID

Hace poco los medios de comunicación han informado de que se ha incrementado considerablemente la compra de alcohol, especialmente cerveza. Este aumento del consumo puede ser debido a que muchas personas utilizan el alcohol con el objetivo de relajarse y entretenerse mientras están en casa. Al mismo tiempo, en épocas de crisis, también crece el consumo de alcohol entre las personas que tienen menos posibilidades de adquirir las drogas que consumen habitualmente, por lo que utilizan el alcohol para sustituir o paliar las dificultades que eso les comporta. El consumo de alcohol y otras drogas es habitual que aumente entre la población general durante las situaciones de crisis, como la que actualmente estamos viviendo por culpa de la COVID-19. El inicio o aumento del consumo de alcohol y otras drogas durante esta etapa crítica puede desencadenar un consumo problemático de sustancias o adicción a medio y largo plazo. 

Un reciente análisis del Well Being Trust, estima que en EEUU las “muertes por desesperación” como consecuencia de los daños colaterales del COVID-19 en los años venideros podrían superar las 70 mil. Muchas de estas muertes se producirán por suicidios o como consecuencia directa del consumo de alcohol u otras drogas.

 

Cantidades de alcohol recomendadas por la OMS

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha establecido un cálculo en unidades de bebida estándar. Sobrepasar estos límites orientativos puede tener consecuencias negativas a nivel físico, psicológico, social o económico. 

 

¿Cuáles son los límites?

Hombres

  • Máx. 4 UBE cada día                                   
  • Máx. 6 UBE ocasionalmente

Mujeres

  • Máx. 2 UBE cada día                                   
  • Máx. 5 UBE ocasionalmente

1 UBE (=10 g de alcohol puro)

  • Una copa de vino o cava
  • Una cerveza
  • Un chupito o carajillo

2 UBE

  • Una copa de coñac o licor
  • Un güisqui
  • Un combinado (cubata)

 

El consumo de alcohol está contraindicado en:

  • Menores de 16 años
  • Mujeres embarazadas o madres lactantes
  • Conductores y operarios de maquinaria
  • Personas que toman cierto tipo de medicamentos

 

El consumo de alcohol como principal factor de riesgo

El uso nocivo del alcohol es uno de los principales factores de riesgo para la salud de la población en todo el mundo y repercute directamente en muchas de las metas relacionadas con la salud de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), incluidas las relativas a la salud maternoinfantil, las enfermedades infecciosas (infección por VIH, hepatitis víricas, tuberculosis), las enfermedades no transmisibles y la salud mental, las lesiones y las intoxicaciones. El alcohol se menciona específicamente en la meta 3.5 relativa a la salud: «Fortalecer la prevención y el tratamiento del consumo de sustancias, incluido el uso indebido de estupefacientes y el consumo nocivo de alcohol»

El rol de la OMS durante la crisis

La OMS persigue la finalidad de reducir la carga de morbilidad causada por el consumo nocivo de alcohol y, en consecuencia, salvar vidas, prevenir traumatismos y enfermedades y mejorar el bienestar de las personas, las comunidades y la sociedad en su conjunto.

La OMS pone el acento en la elaboración, comprobación y evaluación de intervenciones rentables contra el consumo nocivo de alcohol, así como en la generación, recopilación y divulgación de información científica acerca del consumo y la dependencia del alcohol con las consecuencias sanitarias y sociales del caso.

La «Estrategia mundial para reducir el uso nocivo del alcohol», negociada y acordada por los Estados Miembros de la OMS en 2010, representa el consenso internacional de que la reducción del uso nocivo del alcohol y de la carga sanitaria y social asociada es una prioridad de salud pública. La estrategia proporciona orientaciones para la adopción de medidas en todos los niveles, incluidas 10 esferas en las que se recomienda que se adopten políticas e intervenciones con miras a la toma de medidas nacionales encaminadas a reducir el uso nocivo del alcohol y los principales componentes de la acción mundial para apoyar y complementar las actividades en los países.

 

La OMS y su GISAH


La actualización de los datos científicos sobre la costoeficacia de las opciones de políticas e intervenciones emprendidas en el contexto de una actualización del apéndice 3 del Plan de acción mundial de la OMS para la prevención y el control de las enfermedades no transmisibles 2013-2020 dio lugar a un nuevo conjunto de medidas recomendadas que permiten y abordan la reducción del uso nocivo del alcohol. Con la creciente concienciación sobre el impacto del consumo de alcohol en la salud mundial y el aumento de los marcos internacionales de acción, la demanda de información mundial sobre el consumo de alcohol y los daños atribuibles al alcohol y relacionados con él, así como las respuestas políticas conexas, ha aumentado considerablemente. La OMS ha establecido el Sistema Mundial de Información sobre el Alcohol y la Salud (GISAH) para presentar de manera dinámica datos sobre la intensidad y los patrones del consumo de alcohol, las consecuencias sanitarias y sociales atribuibles al alcohol y las respuestas normativas a todos los niveles.

Lograr la reducción del uso nocivo del alcohol de acuerdo con las metas incluidas en la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y el marco mundial OMS de vigilancia de las enfermedades no transmisibles requiere una acción concertada de los países, una gobernanza mundial eficaz y una participación adecuada de todas las partes interesadas pertinentes. Trabajando juntos de manera efectiva podemos reducir las consecuencias sanitarias y sociales negativas del alcohol.

La Estrategia mundial se refiere únicamente a los efectos del consumo de alcohol en la salud pública, sin perjuicio de las creencias religiosas y las normas culturales en modo alguno. El concepto de «uso nocivo del alcohol» en este contexto es diferente del de «uso nocivo del alcohol» como categoría de diagnóstico en la Clasificación de Trastornos Mentales y de Conducta de la CIE-10 (OMS, 1992).

El año de vida ajustado en junción de la discapacidad (AVAD) amplía el concepto de años potenciales de vida perdidos por muerte prematura para incluir los años equivalentes de vida «sana» perdidos por tener un estado de salud deficiente o una discapacidad.

 

Datos y cifras

Cada año se producen 3 millones de muertes en el mundo debido al consumo nocivo de alcohol, lo que representa un 5,3% de todas las defunciones.

El uso nocivo de alcohol es un factor causal en más de 200 enfermedades y trastornos.

En general, el 5,1% de la carga mundial de morbilidad y lesiones es atribuible al consumo de alcohol, calculado en términos de la esperanza de vida ajustada en función de la discapacidad (EVAD).

El consumo de alcohol provoca defunción y discapacidad a una edad relativamente temprana. En el grupo etario de 20 a 39 años, un 13,5% de las defunciones son atribuibles al consumo de alcohol.

Existe una relación causal entre el consumo nocivo de alcohol y una serie de trastornos mentales y comportamentales, además de las enfermedades no transmisibles y los traumatismos.

Recientemente se han determinado relaciones causales entre el consumo nocivo y la incidencia de enfermedades infecciosas tales como la tuberculosis y el VIH/sida.

Más allá de las consecuencias sanitarias, el consumo nocivo de alcohol provoca pérdidas sociales y económicas importantes, tanto para las personas como para la sociedad en su conjunto.

 

El alcohol y su consumo nocivo

El alcohol, sustancia psicoactiva con propiedades causantes de dependencia, se ha utilizado ampliamente en muchas culturas durante siglos. El consumo nocivo de alcohol conlleva una pesada carga social y económica para las sociedades.

El consumo nocivo de alcohol también puede perjudicar a otras personas, por ejemplo, familiares, amigos, compañeros de trabajo y desconocidos. Asimismo, el consumo nocivo de alcohol genera una carga sanitaria, social y económica considerable para el conjunto de la sociedad.

El consumo de alcohol es un factor causal en más de 200 enfermedades y trastornos. Está asociado con el riesgo de desarrollar problemas de salud tales como trastornos mentales y comportamentales, incluido el alcoholismo, importantes enfermedades no transmisibles tales como la cirrosis hepática, algunos tipos de cáncer y enfermedades cardiovasculares, así como traumatismos derivados de la violencia y los accidentes de tránsito.

Una proporción importante de la carga de morbilidad y mortalidad atribuibles al uso nocivo del alcohol corresponde a los traumatismos, sean o no intencionados, en particular los resultantes de accidentes de tránsito, actos de violencia y suicidios. Además, los traumatismos mortales atribuibles al consumo de alcohol tienden a afectar a personas relativamente jóvenes.

Recientemente se han establecido relaciones causales entre el consumo nocivo y la incidencia de enfermedades infecciosas tales como la tuberculosis y el VIH/sida. El consumo de alcohol por parte de una embarazada puede provocar síndrome alcohólico fetal y complicaciones prenatales.

 

Ana Ces
Coordinadora de Programas de Fundació Fòrum

Ana