Adicciones y soledad

Abordar las adicciones desde un plano psicológico resulta indispensable para poder entender el impacto que tiene la droga en la vida de las personas. Y si bien es cierto que los adictos no necesariamente tienen problemas de depresión o de socialización, muchas veces determinadas sustancias actúan como catalizadoras de condiciones preexistentes, agravando situaciones latentes como la ansiedad, el aislamiento o la sensación de soledad.

 

 

¿Cómo funciona la soledad?

Si bien todos estamos familiarizados con el término ya que muchas veces se utiliza de forma coloquial para describir algún momento o situación particular, la soledad no siempre actúa como muchas personas piensan. En este sentido, queremos expresar que la soledad no es un concepto que implique el aislamiento social y físico de una forma estricta. De hecho, en nuestra experiencia como terapeutas (más específicamente en adicciones), muchos de nuestros pacientes han asegurado que los momentos en los que se encontraban en compañía, con mayor cantidad de personas, ruido y movimiento, fueron los momentos en los que más solos se sintieron.

En otros casos, algunos pacientes han asegurado haber utilizado drogas con el único fin de poder ser más sociables, desenvueltos y extrovertidos. Y si bien esto puede darse cuando la persona consume, en poco tiempo el ‘efecto rebote’ impacta de lleno sobre sus vidas llevándolos al aislamiento, la exclusión y nuevamente la soledad. Esta vez con el agravante de una adicción que, al igual que un espiral, los lleva a seguir consumiendo, aislarse más, volver a consumir, y así ad infinitum.

 

 

De la euforia a la soledad

Esta es quizá la contradicción que más dolor genera en las personas adictas. Como ya hemos explicado en artículos anteriores, uno de los principales peligros de las adicciones es que quienes consumen no se convierten en adictos de la noche a la mañana, existe un proceso cíclico que poco a poco los va arrastrando a conductas cada vez más nocivas para su salud.

En este sentido, al romperse el frágil balance entre una vida social aceptable y las conductas adictivas relacionadas al exceso de dosis y al traspaso de los límites socialmente admisibles, la soledad aparece nuevamente generando un circuito del consumo que deja de ser “social” para convertirse en cíclico.

Pero esta vez la soledad es elegida y a la vez forzada, ya que únicamente en soledad el adicto puede dar rienda suelta a su necesidad de consumo sin la mirada ajena puesta sobre sí, sin sentirse juzgado y sin tener que recibir las críticas o los intentos por detenerlo de sus amigos y familiares.

 

 

El círculo vicioso de la droga y la soledad

Es en esta etapa de soledad en donde el adicto se encuentro en una situación peor a cualquier otra, ya que no solo volvió a ser una persona aislada socialmente, sino que además, se encuentra bajo un grave problema de adicción que lo deja aún más solo y lo lleva a consumir únicamente para llenar ese vacío. Finalmente, el silencio de la soledad resulta tan ensordecedor que nuevamente se refugia en el consumo buscando encontrar una paz que nunca llega.

 

 

La soledad como oportunidad para el autoconocimiento

Llegado a este punto en la vida de un adicto, la persona se encuentra en la encrucijada de seguir consumiendo o incursionar en la difícil tarea de enfrentarse con los propios miedos y frustraciones que implica dejar de consumir.

Esta es una de las etapas en las que las personas adictas o sus familiares suelen solicitar ayuda y, por lo tanto, en la cual los especialistas y profesionales de la salud comenzamos con nuestro trabajo de ayudar a rehabilitar a los adictos. Médicos, psicólogos y todo el equipo debe poner sus fuerzas en tratar a la persona de forma integral, ya que mientras físicamente lucha contra la desintoxicación, psicológicamente está dando otra batalla, una batalla interna de introspección y autoconocimiento en la que deberá luchar contra sus fantasmas, todos sus miedos y en la que más contención y fortaleza necesitará.

 

 

Terapias de grupo y la aceptación

Es por esto que las terapias de grupo y las sesiones con familiares son tan importantes, ya que se trata de un espacio seguro en el que la persona puede expresar sus temores, nutrirse de quienes lo quieren y comprender su condición médica a través de la mirada de nuestros profesionales. Construir un camino de aceptación personal es clave para poder alejarse de la culpa y lograr el crecimiento personal, tomando consciencia de sus decisiones y las consecuencias de las mismas. Teniendo registro de su entorno y, por lo tanto, del afecto de quienes se preocupan por su bienestar.

 

 

Sabemos que el proceso que atraviesa cualquier adicto es complejo, multifactorial y con muchas aristas que intervienen. Entendemos que el consumo es solo un factor más de la adicción pero no el único, y trabajamos brindando ayuda para que las personas adictas puedan realmente modificar su estilo de vida, recuperar su autoestima y vivir plenamente. Nunca es demasiado tarde para pedir ayuda, puedes contar con nosotros.

Ana