Las Benzodiacepinas

Las benzodiacepinas son fármacos ampliamente utilizados en atención primaria de salud que se prescriben por su función tranquilizante, para dormir y relajante muscular. Deben ser siempre controladas por un médico porque, si no se realiza un buen uso de las mismas, pueden provocar adicción.

 

Los efectos negativos de las benzodiacepinas

Uno de los efectos negativos derivados del consumo de benzodiacepinas suele ser, paradójicamente, aumentar la ansiedad e irritabilidad. Problemas de memoria y afectación en el estado de ánimo, así como somnolencia, disminución de las habilidades psicomotoras, vértigo o malestar estomacal son otros de los muchos efectos negativos derivados de su mal uso. Las benzodiazepinas son los medicamentos más empleados en el tratamiento de la ansiedad, se metabolizan en el hígado y se eliminan por la orina.

Tienen diferentes efectos sobre el sistema nervioso central (sedantes, hipnóticos, ansiolíticos, anticonvulsivos, amnésicos y miorrelajantes).

La mayoría de las sustancias que crean adicción actúan sobre el mismo circuito cerebral: el sistema dopaminérgico, que a su vez estimula el mecanismo de recompensa natural, como el que se obtiene con la comida y el sexo. Se sabía que las benzodiacepinas estimulan este circuito, pero no cómo.

 

¿En qué consiste la intoxicación por benzodiacepinas?

Se produce cuando hay una ingesta abusiva, dando lugar a una serie de cambios comportamentales y fisiológicos clínicamente significativos, cuya gravedad dependerá de la cantidad ingerida, y que son principalmente: inestabilidad en la marcha, lenguaje farfullante, incoordinación motora, deterioro de la capacidad de juicio, convulsiones, estupor o coma.

El  tratamiento se realiza en régimen hospitalario, y constará de:

  1. Medidas generales de soporte: asegurar vía aérea, mantener constantes vitales y realización pruebas oportunas.
  2. Lavado gástrico con carbón activado en las dos primeras horas.
  3. Administración del antagonista: Flumazenilo endovenoso.

Se manifiesta por el deseo de consumirlas y la necesidad de hacerlo en cantidades cada vez más altas para obtener el efecto deseado, aun sabiendo que esto puede ocasionar problemas psicológicos, físicos y/o sociales. Además, en los casos en que se produce una interrupción de la misma, aparecen síntomas de abstinencia que se caracterizan por: taquicardia, temblor de manos, insomnio, náuseas, vómitos, agitación, ansiedad, crisis comiciales y alucinaciones transitorias, y que requerirá de tomar nuevamente la sustancia para que desaparezca.

 

¿Cómo se trata esta adicción?

La adicción se manifiesta por el deseo de consumirlas y la necesidad de hacerlo en cantidades cada vez más altas para obtener el efecto deseado, aun sabiendo que esto puede ocasionar problemas psicológicos, físicos y/o sociales. Además, en los casos en que se produce una interrupción de la misma, aparecen síntomas de abstinencia que se caracterizan por: taquicardia, temblor de manos, insomnio, náuseas, vómitos, agitación, ansiedad, crisis comiciales y alucinaciones transitorias, y que requerirá de tomar nuevamente la sustancia para que desaparezca. Hay pruebas que indican que la reducción o suspensión de las benzodiazepinas puede causar una reducción de los síntomas de ansiedad. ​​ Hay un número de efectos secundarios asociados a la adicción a las benzodiazepinas tales como depresión y síntomas similares a la gripe.

 

¿En qué consiste el tratamiento?

A nivel farmacológico: Reducción gradual de la pauta de benzodiacepinas asociando un fármaco sustitutivo sin potencial adictivo, perteneciente al grupo de los antidepresivos, los antiepilépticos o los antipsicóticos.

A nivel psicológico se recomienda:

  • Estrategias motivacionales y psicoeducación sobre la adicción y estadios motivacionales.

 Identificación y prevención de estímulos y situaciones que estén relacionados con el inicio del consumo (situaciones de riesgo), aprendizaje de conductas incompatibles o alternativas al consumo, entrenamiento en regulación emocional, ansiedad, frustración, reestructuración cognitiva de pensamientos distorsionados, generalización y prevención de recaídas, entre otras como:

  • Entrenamiento en técnicas de relajación.
  • Estrategias para abordar el insomnio.
  • Intervención en apoyo social 

 

 

Conclusiones

Dejar de prescribir tratamientos a los pacientes cuando ya no los necesitan es una parte esencial de un buen ejercicio médico. Existe mucha evidencia científica acerca de cómo comenzar un tratamiento, pero es muy escasa la relativa a cuál es la mejor forma de dejar de indicarlo. Esto no tendría mayor importancia si la retirada de medicamentos, cuando resultan innecesarios, fuera una actividad rutinaria.

La inercia de la prescripción establece un marco perfecto para entender por qué algunas indicaciones llegan a hacerse crónicas, a pesar de estar recomendadas sólo en tratamientos cortos. Algunos ejemplos clásicos de esta realidad son la prescripción de benzodiacepinas, antiinflamatorios no esteroideos (incluyendo los inhibidores de cicloxigenasa 2), inhibidores de bomba de protones y analgésicos.

El uso crónico de benzodiacepinas ha demostrado presentar distintos efectos adversos dentro de los que destaca la demencia, el riesgo de caída y fracturas, accidentes de tránsito y trastorno por consumo de estas sustancias. De allí que varios metanálisis han comparado la efectividad de distintas estrategias de retirada de benzodiacepinas.

 

Ana Ces
Coordinadora de Programas de Fundació Fòrum

Ana

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