¿Depresión?

Muchas veces pecamos al concebir la depresión como el clásico conjunto de síntomas tales como desesperanza, apatía, abulia, desmotivación. Esperamos encontrar a un depresivo tirado en la cama o en el sofá sin aliento para realizar acción alguna y llorando y quejándose de lo injusto y cruel que es el mundo.
Como en cualquier patología mental hay variaciones en la sintomatología, es decir, no todo enfermo tiene siempre los mismos síntomas igual que no todo fármaco causa los mismos efectos secundarios. En el caso de la depresión, para sorpresa de algunos, podemos encontrar personas que cumplen sus responsabilidades laborales tales como el trabajo, roles paternos o maternos… es decir, aparentemente son personas activas que aparentan ser felices. Pero esa apariencia, no les exime de estar sufriendo por dentro día a día.

Si tuviéramos una lupa podríamos observar detrás de la máscara de “todo va bien” rasgos de una distímia sostenida en el tiempo. Es difícil identificar dicha depresión a simple vista, por eso se llama depresión de alto funcionamiento. Cometemos el grave error de minimizar el sufrimiento que padecen, ya que no cuadra con la depresión mayor ya conocida. ¿Cómo puede ser que tenga depresión si está activo? Nos preguntamos.
La depresión de alta funcionalidad se evidencia al levantarse por las mañanas donde se acompaña de una elevada ansiedad, acompañada de una necesidad extrema de perfeccionismo, la cual les hace llegar a todo. Es decir, cumplir con cada obligación sin permitirse ni el más mínimo error ni incumplimiento.

Esta elevada exigencia cuando se mantiene en el tiempo acaba desencadenando en una depresión mayor.
A pesar de no presentar inactividad (pasividad), esto no les excluye de sentir por dentro una guerra interna de angustia, desesperación e infelicidad profunda. Lo cual maximiza el riesgo de aparición del suicidio, el cual es difícil de ver venir.
La gente de su alrededor no suelen detectar el malestar, con lo que a posteriori sale el juicio en el que nadie se explica cómo alguien “con una vida tan idílica ha podido optar por una salida tan dramática”, obviando el malestar que acompañaba día a día al enfermo.

Los síntomas que acompañan este tipo de depresión son:

  • Dificultad para experimentar alegría, ilusión y motivación. Que verbalicen dichas emociones no es sinónimo de que las sientan. No podemos pasar por alto que viven en una lucha infinita y agotadora en la que deben fingir todo lo que no sienten para aparentar normalidad y control.
  • Autocritica incansable. A pesar del inmenso esfuerzo que ponen en rendir al máximo, llegar a todo y hacerlo todo perfecto sienten siempre que cometen errores, acabando con una terrible sensación de vacío y frustración.
  • La magnificación de las cosas pequeñas. Siendo común en la depresión la tendencia a ver en todo, connotaciones negativas. En este tipo de depresión aparece también las reacciones desproporcionadas en las cosas de la vida cotidiana, tales como: retraso del autobús, noticias de acontecimientos catastróficos, una mala cara o contestación de alguien… generándoles un coste psicológico muy elevado concluyendo que no pueden más y que no sirven.
  • Tendencia a utilizar “auto estrategias” de afrontamiento las cuáles consisten en evitación o huida. Por lo tanto son totalmente ineficaces para mejorar la situación vivida, y a la vez, dificulta el pedir ayuda a un profesional. Debemos tener especial cuidado porqué dentro de las estrategias de escape, huida o evitación encontramos el consumo de sustancias, alteraciones con la comida (realizar atracones con o sin purga…) entre otras conductas compulsivas.
  • Incapacidad para ralentizar o para descansar. Viven con malestar el estar inactivos.

Delante de este tipo de personas sufridoras con tanta crítica y auto exigencia debemos entender y observar el gran sufrimiento desolador que esconden bajo una realidad aparentemente perfecta.

Psicóloga Sanitaria y Directora de programas de Fundació Fòrum Terapèutic
Col. 25847