Entre cuatro paredes: La vida de un cocainómano

¿Que es la cocaína?

La cocaína es un alcaloide estimulante del sistema nervioso central extraído a partir de la planta Erythroxylon Coca. Se trata de una base nitrogenada, la benzoilmetilecgonina. Se absorbe con gran facilidad desde la superficie de las mucosas, consumiéndose en distintas preparaciones, por ejemplo, hojas de coca, pasta de coca, hidrocloruro de cocaína y alcaloide de cocaína, crack, sal en polvo mezclada con bicarbonato sódico). En la vida del cocainómano, la cocaína produce hiperactividad de dos neurotransmisores: noradrenalina y dopamina, y disminución de la concentración de serotonina.

El efecto que produce la cocaína se debe al acúmulo de dopamina en el núcleo accumbens cerebral. Se metaboliza en el hígado por vía enzimática, eliminándose principalmente por orina y en menor medina por la saliva y el sudor. La cifra tóxica está generalmente alrededor de los 0,20 a0,30 g., pudiendo en los adictos llegar a los 3 gramos.

 

Rasgos característicos en adictos

La adicción es una enfermedad cerebral crónica ya que genera cambios funcionales en los circuitos del cerebro relacionados con la recompensa, el autocontrol y el estrés. La enfermedad perturba el funcionamiento normal y sano del cerebro. Actualmente no hay evidencia científica de la existencia de una personalidad adictiva; pero la experiencia clínica en este sector señala algunos rasgos que tienen en común las personas adictas. Entre otros, en la vida del cocainómano se suele tener tendencia a aislarse socialmente y a tener pobres habilidades sociales. Tiene poca habilidad para manejar el estrés y las emociones negativas; por lo que sostienen en la adicción la poca capacidad de afrontamiento que tengan desarrollada. Las dificultades para expresar sentimientos, escasa tolerancia al “no” y a la frustración, y la impulsividad, son características inherentes en todo adicto. Suelen tener dificultades para planear metas a largo plazo, suelen ser muy extremistas y compulsivos.

Por este último punto es importante hacer bien el tratamiento de recuperación; ya que cuando dejan de consumir drogas tienden a sustituir una adicción por otra comportamental o conductual. Es decir, el cerebro tiene tendencia a la compulsión por lo que el adicto corre el riesgo de sustituir el consumo de drogas por conductas compulsivas como comer, tener sexo, comprar, trabajar, etc. Como el consumo de cocaína afecta a los circuitos cerebrales relacionados con la recompensa, la motivación del sujeto pasa a estar regulada por el consumo de drogas. Esto implica que el único elemento capaz de satisfacer al adicto
será la cocaína en este caso. La duración del tratamiento de recuperación no es estándar; pero debe ser suficiente como para modificar los circuitos cerebrales afectados por la adicción y crear nuevas relaciones entre neuronas que alejen al paciente de la droga y le permitan vivir una vida sana y plena.

 

Efectos subjetivos placenteros

Locuacidad, euforia, sensación de lucidez mental, omnipotencia, carencia de fatiga y sensación subjetiva de incrementar las capacidades psíquica y física por disminución de la sensación de fatiga

 

Efectos vegetativos

Aumento de la temperatura corporal y de la frecuencia cardíaca, dilatación pupilar,

 

Efectos comportamentales

Desconfianza o suspicacia, excitación, celos, irritabilidad y agresividad, ansiedad, intranquilidad, tensión muscular

 

Intoxicación por cocaína

En los casos no complicados, los principales síntomas son verborrea, falta de apetito, inquietud, excitación psicomotriz (moviéndose continuamente), ansiedad e insomnio.

Si la intoxicación progresa se observa midriasis (dilatación pupilar con ojos brillantes, taquicardia, hiperreflexia (excesiva respuesta refleja) e incoordinación motriz. Aparece palidez facial a veces con náuseas y vómitos.

Por fin se llega al estado de ebriedad cocaínica, en la que hay obnubilación, alteraciones sensoriales e incluso delirio alucinatorio. La presión arterial se eleva inicialmente y luego cae pudiendo llegar al colapso. También son frecuentes las alteraciones del ritmo cardíaco por acción directa sobre el miocardio.

En los casos muy graves de la vida del cocainómano se puede llegar a producir fibrilación ventricular y alteraciones respiratorias, convulsiones, hasta paro cardíaco.

 

Dependencia de cocaína

Es la necesidad irresistible de consumo (craving) de cocaína, aunque en muchos casos dicha necesidad se niegue por parte del sujeto que cree controlar dicho consumo.

El autoengaño es uno de los fenómenos más frecuentes asociados al consumo de cocaína. Desespera a la familia, a la pareja y a los allegados porque no saben como hacerle ver que tiene un problema. Hace necesario que el sujeto tome conciencia del problema y reconozca su dependencia para poder iniciar su tratamiento con visos elementales de éxito. Quien no reconozca el problema tendrá prácticamente imposible su recuperación.

 

Características clínicas

Entre los síntomas psicofisiólogicos tenemos:

  1. Tolerancia: es la necesidad de consumir cantidades crecientes de cocaína para alcanzar el mismo efecto. Dicho de otra manera, la disminución de los efectos de la cocaína con su uso mantenido a la misma dosis
  2. Abstinencia: es el conjunto de cambios que ocurren cuando la cantidad de cocaína en sangre disminuye en una persona que lleva tiempo manteniendo un consumo notable de dicha sustancia.

 

Síntomas de abstinencia leve de cocaína

Ligera ansiedad, cierta fatiga y malestar y comportamiento de búsqueda. De ahí que muchos adictos a la cocaína de equivoquen pensando que no produce abstinencia.

 

Síntomas de abstinencia grave de cocaína

Acusada irritabilidad, depresión, agitación, malestar intenso, desánimo, aumento de pulso, temperatura, frecuencia cardiaca y respiratoria, ojos vidriosos, tos crónica, dilatación pupilar, disminución del rendimiento general, inquietud, sueños desagradables e intensos y deseo irresistible de cocaína.

 

Enfermedades médicas provocadas por la cocaína

La cocaína por vía intranasal  provoca: sinusitis aguda y crónica, hemorragia de la mucosa nasal, anosmia(pérdida del olfato) y perforación del tabique nasal En vías respiratorias: bronquitis, neumonía y problemas laríngeos como ronquera o afonía

La cocaína por vía endovenosa puede provocar enfermedades infecciosas como hepatitis B y/ C tuberculosis y VIH además de lesiones locales (abscesos, flebitis, tromboembolias, etc)

Por cualquier vía puede provocar miocardiopatía, hipertensión arterial, nefropatías, desnutrición y pérdida de peso, deterioro dental, infertilidad y lesión en los órganos reproductores, afectación circulatoria con apoplejía e ictus cerebral.

 

Enfermedades psiquiátricas provocadas por la cocaína

La principal es la psicosis, en la que se pierde el contacto con la realidad  con presencia de alucinaciones o ideas delirantes frecuentes inducidas o desencadenadas por la cocaína.

Otros síntomas psiquiátricos típicos son las paranoias o delirios paranoides, que frecuentemente son de tipo celotípico, sienten que los atacan o les persiguen.

Las alucinaciones táctiles o visuales son propias de estadíos avanzados.

También es frecuente la agresividad muchas veces desencadenada por manías persecutorias (piensan que la policía o alguna persona o grupo les persigue).

Otra complicación son las crisis epilépticas secundarias a focalidad cerebral.

 

¿Qué tratamientos son eficaces?

Se ha encontrado que muchos tratamientos de modificación de la conducta son eficaces para tratar la adicción a la cocaína, tanto en ambientes residenciales como ambulatorios. De hecho, las terapias conductuales a menudo son el único tratamiento eficaz disponible para muchos de los problemas relacionados con las drogas, incluyendo las adicciones a estimulantes. Sin embargo, el enfoque más eficaz para tratar la adicción parece ser la integración del tratamiento conductual con el farmacológico.

Por ahora, no existen medicamentos probados para tratar la adicción a la cocaína. Consecuentemente, el NIDA está trabajando intensamente en identificar e investigar nuevos medicamentos.

 

Terapias conductales

Una forma de terapia conductual que está dando resultados positivos en la población de cocainómanos es el manejo de contingencias o incentivos para realzar la motivación. Los incentivos para realzar la motivación pueden ser particularmente útiles para ayudar a los pacientes a lograr la abstinencia inicial del consumo de cocaína y para posteriormente permanecer en tratamiento. Los programas usan un sistema basado en bonos o premios que recompensan a los pacientes que se abstienen del consumo de la cocaína y otras drogas. Basándose en las pruebas de orina que salgan libres de drogas, los pacientes se ganan puntos o fichas que pueden canjear por artículos que fomentan una vida saludable, tales como la inscripción a un gimnasio o salir a ver una película o a cenar. Este enfoque recientemente ha demostrado ser práctico y eficaz en los programas de tratamiento comunitarios.

 

Previniendo recaídas

La terapia cognitiva-conductual es un enfoque eficaz para prevenir las recaídas. Esta terapia se centra en ayudar a las personas adictas a la cocaína a abstenerse y a mantenerse abstinente del consumo de cocaína y otras sustancias. La hipótesis subyacente es que los procesos de aprendizaje desempeñan un papel importante en el desarrollo y la continuación del abuso y la adicción a la cocaína. Se pueden aprovechar estos mismos procesos de aprendizaje para ayudar a reducir el consumo de drogas y prevenir las recaídas.

Este enfoque trata de ayudar a los pacientes a reconocer, evitar y enfrentar el consumo de drogas. Es decir, se les enseña a reconocer la situaciones en las que tienen más probabilidad de consumir cocaína, a evitarlas cuando sea posible y a enfrentar de manera más eficaz una serie de problemas y comportamientos asociados con el abuso de drogas. Esta terapia también es notable debido a que es compatible con una gran variedad de otros tratamientos que los pacientes pueden recibir, incluyendo la farmacoterapia.

 

Otras alternativas

Las comunidades terapéuticas o programas residenciales ofrecen otra alternativa a los que necesitan de tratamiento para la adicción a la cocaína. Estas comunidades terapéuticas requieren por lo general una estadía de 6 a 12 meses y usan a la “comunidad” entera del programa como un componente activo del tratamiento. Pueden incluir rehabilitación vocacional dentro de la misma comunidad así como otros servicios de apoyo, y se concentran en la reinserción exitosa del paciente en la sociedad.

Los grupos de recuperación con base comunitaria, como los de Cocaína Anónimos, que utilizan un programa de 12 pasos, también pueden ser útiles para las personas que tratan de mantenerse en abstinencia. Los participantes pueden beneficiarse de un grupo de personas que los apoyen y con quienes puedan compartir problemas y asuntos comunes.

Es importante que los pacientes reciban servicios que traten todas sus necesidades. Por ejemplo, si un paciente está desempleado, puede ser útil ofrecerle rehabilitación vocacional o consejería laboral a la par del tratamiento para la adicción. De igual manera, si un paciente tiene problemas matrimoniales, puede ser importante ofrecerle consejería de parejas.

 

TESTIMONIO: Confesiones de una cocainómana 



“Laura” es una joven adicta a la cocaína que ha decidido contar su descenso a los infiernos. Comenzó a esnifar siendo casi una niña y ahora lucha por dejarlo en una clínica especializada. Su confesión derriba los mitos de una droga “bien vista” que arrasa. El consumo se ha duplicado en 10 años y los escolares españoles son los que más la toman en toda Europa. 

 

El primer “rulo”

 

“La probé con 13 años”

“No comencé en esto como cualquier otro joven, pillando un gramito entre varios. La primera vez la probé con una pareja de amigos mayores que ya eran cocainómanos, y consumíamos directamente al menos cinco gramos, una cantidad muy elevada. Hay personas que son adictas durante años y no toman más de un gramo diario.

Yo tenía 13 años, debía estar a las 21H en casa y llegaba siempre superpedo. Aparentemente hacía la vida normal para una chica de esa edad, pero la nieve ya me había atrapado. Hay dos maneras de estar enganchado a la cocaína. La puedes tomar con alcohol, bebes mucho y te pones rulos para contrarrestar la borrachera. Pero a mí me gustaba justo lo contrario, yo bebía para bajar el subidón de la cocaína. Bebía porque consumía cocaína, no consumía por beber.

Como también por esa época empecé a trabajar por la noche en discotecas, en cuestión de tres horas me podía acabar una botella de whisky, de ron o lo que fuera. Luego otra, y otra… En realidad, me convertí en lo que los médicos llaman una politoxicómana: porros, pastillas, mucho alcohol… Pero tan sólo he desarrollado dependencia a la cocaína.

 

“Probé la cocaína llevada por la curiosidad. Y luego vino lo demás”

 

A diferencia de mucha gente que he conocido, no he tenido nunca ningún problema familiar. Mis padres llevan juntos toda la vida, tienen los dos buenos puestos de trabajo, no me ha faltado nunca de nada, ni en lo material ni en lo afectivo. Probé la cocaína llevada por la curiosidad. Y luego vino lo demás. Lo que peor manejaba eran las mentiras en casa. Quería dejar los estudios a los 16 años, pero mis padres me obligaron a seguir y llegué hasta la universidad. Entonces me fui de casa, dejé las aulas y trabajaba por la noche. Pero mis padres me obligaron a tener una base cultural, a Dios gracias…

Era todavía una adolescente, había dejado la casa de mis padres y llevaba una vida de locos. Inmersa por completo en el mundo de la cocaína, apagaba el teléfono de la casa que compartía con mi pareja de entonces y desaparecía todo el día. Nunca decía a nadie dónde estaba. Mi madre me llamaba continuamente para saber cómo me encontraba. Siempre me decía lo mismo: “Vente a casa. Me da igual que estés pedo. Sé que lo estás ahora, pero por lo menos no apagues el teléfono…”. Pero a mí no me preocupaba nada la familia. Tengo hermanos, y en esa época también perdí el contacto con ellos.

 

“Creía que controlaba mi adicción. Pero no era así”

 

Cuando reflexiono sobre lo que viví esos días, meses y años, llego a la conclusión de que estaba anulada de sentimientos. Me di cuenta de la gravedad de mi situación cuando me quedé embarazada. Creía que controlaba mi adicción, pero no era así. Me seguía poniendo, en contra de mi voluntad. No era capaz de parar, ni tan siquiera por mi hijo. Y eso que mis padres nunca me han regañado, siempre han querido razonar conmigo, explicarme en qué infierno me estaba metiendo. A ellos les ha costado muchísimo entender que tienen una hija cocainónama. Que lo que padezco es una enfermedad, una dependencia.

 

En el laberinto blanco

 

“El polvo se aloja en el departamento del placer”

 

Empiezas jugando con las drogas, por curiosidad o por hacer algo los fines de semana. Yo pensaba en todo momento que lo controlaba, pero te vas metiendo y metiendo… La cocaína crea muchísima dependencia, cuando te quieres dar cuenta ya no lo puedes dejar. Me he tirado ocho largos años consumiendo, creyendo que podría parar cuando quisiera. Pero no pude hacerlo. La verdad es que te lo pasas bien y te encanta. Si quiero dejarlo ahora es porque pongo mi vida en una balanza y veo que pierdo muchas más cosas de las que gano.

Recuerdo una de las encerronas, como llamamos a desconectar por completo del mundo exterior y centrarnos sólo en consumir. Te puedes encerrar dos días enteros en tu casa, o en un hotel. Lo decides después de haber tomado un par de copas y deseas ponerte sólo de perico. Las primeras veces lo haces en compañía, pero luego te empieza a dar vergüenza y te vuelves muy egoísta. Te vas aislando de todo. Al final eres tú y la coca. Ya no quieres amigos, y ya no tienes familia.

 

“Era consciente de todo lo que estaba perdiendo”

 

Allí, en el aislamiento absoluto de la habitación de un hotel, sin que nadie que me conociera supiera dónde me encontraba, cada vez que me metía una raya era consciente de todo lo que estaba perdiendo, pero he de reconocer que me sentía súper bien. Pero eso era sólo al principio, cuando la droga te hace creer que te relacionas mejor con la gente, por eso muchos consumen. El sexo te empieza a gustar si estás enganchado, aunque luego a la larga no funcionas. Es una cuestión que afecta más a la cabeza, pero luego físicamente no puedes responder en la cama.

Sola, perdida en la habitación del hotel, sentía que la droga me hacía feliz, ¿sabes? Por eso cuesta tanto dejarla. El polvo blanco se estaba metiendo poco a poco en una parte del cerebro que yo llamo departamento del placer, que es donde tú metes el comer, tener sexo cuando te apetece, todos los placeres…

 

“Es agotador luchar contra ella, es una guerra continua”

 

Es muy difícil olvidarte de la coca, porque cuando tienes hambre comes, cuando quieres sexo lo buscas con tu pareja. Es agotador luchar contra ella, es una guerra continua. Aunque dejes de consumir, la droga va a estar siempre en ese departamento, durante toda tu vida…

Tras dos días de encerrona, estaba agotada y quería dejarlo, pero a la tercera jornada me iba de nuevo a pillar. Uno de los grandes mitos que se han creado en torno a esta sustancia es que muchos creen que está rodeada de glamour. En los últimos tiempos, yo acudía a comprarla al poblado de Las Barranquillas, en un suburbio de Madrid, que se ha convertido en el mayor supermercado de droga de Europa. Allí puedes conseguir una micra, la décima parte de un gramo, por cinco euros. La cocaína ha bajado de precio, mientras que la heroína ha subido. 

El gramo cuesta en la calle 60 euros, la mitad que hace 10 años. En España es barata y muy buena, puede llegar al 60% de pureza.

 

“En España se consume muchísimo”

 

Comparado con las fiestas donde la gente cree que la coca corre a raudales, Las Barranquillas es un submundo indescriptible. Por supuesto que de atractivo no tiene nada… Las ratas se cruzan en tu camino cuando te diriges a la chabola del traficante. Allí te espera rodeado de sus criados, los machacas que a un gesto de sus jefes pueden darte una paliza o un tiro… Allí he visto a un yonqui muerto de sobredosis, entre una miserable chabola y un lujoso BMW. Yo, esquelética y demacrada, era uno más de los 5.000 zombis que nos reuníamos cada día en ese poblado miserable.

En España se consume muchísimo. Los chavales jovencitos van con sus cochazos preparados a Las Barranquillas, mirando a la gente por encima del hombro. Y unas semanas después ya no tienen ni coche, se han empeñado tanto que van a pillar la droga andando, pidiendo dinero a los conductores, vendiendo hasta el DVD de su casa. Trabajando en discotecas llegue a conocer a muchísima gente. En ese mundillo, sobre todo al principio, te llevas con todos muy bien y luego, a la hora de la verdad, no te quiere nadie. Bueno, sí, te quieren para drogarte, para estar con ellos, pero si tienes un problema no puedes contar con esa gente.

 

“Era capaz de gastarme 6.000 euros al mes”

 

Es un mundo falso porque te lo hacen ver así, no porque las personas sean malas. Igual que me hacen alguna jugada a mí, yo se la hago al otro. Si alguna persona de la noche me confesaba que tenía un problema, decidía no ayudarla porque no le tenía aprecio, aunque estuviera con ella todos los fines de semana.

En las peores rachas, era capaz de gastarme el equivalente a 6.000 euros al mes, aunque había quien se gastaba hasta 9.000. Esto es habitual entre los que se enganchan. Hay ejecutivos que se endeudan y terminan arruinándose. Aunque como siempre he estado rodeada de gente que vendía, no necesitaba ese dinero. Solía consumir un par de gramos al día, y los fines de semana el enganche era compulsivo, 10 gramos en tres días. A veces sí que necesitaba el dinero, y entonces robas a tus padres, robas a quien puedas, mientes. Los cocainómanos somos unos grandes manipuladores, porque como no tenemos sentimientos… El dinero se va muy fácil.

 

“La droga te mantiene despierto, pero no sientes nada más que desesperación”

 

El peor momento llega cuando ya no te hace efecto. El subidón es muy fuerte, pero también fugaz. Puedes pasarte tres días consumiendo sin comer ni dormir. La droga te mantiene despierto, pero no sientes nada más que desesperación. Y no tardan en llegar las alucinaciones. Puedes estar encerrada en tu casa, con las persianas bajadas, y creer que de pronto quieren irrumpir por las ventanas personas persiguiéndote con cámaras para ver cómo te drogas. Últimamente ya no obtenía placer, no te lo pasas bien. Te empiezas a volver loca. Ves sombras, oyes voces, estás llena de calambres. Experimentas manías persecutorias, piensas que tus amigos están hablando de ti a tus espaldas, que tu propia familia va en contra de ti. Vives en tu mundo, encerrado en él… Uno de mis conocidos llegó a ver a grupos de policías, con el uniforme de los geos, haciendo rápel por su edificio para sorprenderle… Algo absurdo, pero que nosotros en ese momento creemos que es completamente real.

 

¿El fin del túnel?

 

“Me encantará toda la vida… Tengo miedo”

 

Llevo ya tres meses en esta clínica y mañana es mi último día. Necesitaba estar un tiempo encerrada en un sitio así, sin poder salir a la calle, y pasar el mono. El periodo de deshabituación de la cocaína se sufre a nivel psicológico, más que físico. Nadie puede imaginarse con qué fuerza te apetece probarla de nuevo.

Una vez pasados los primeros días, que son durísimos, empiezas a salir los fines de semana. Vas feliz a reencontrarte con tu familia, en mi caso también con mi hijo. Y te das cuenta de lo mal que lo han pasado, del tremendo daño que he ocasionado a mis padres y que antes era absolutamente incapaz de percibir y comprender. No veía nada más que a mí misma.

 

“Soy una dependiente y enseguida puedo volver a caer”

 

Pensaba que la gente anormal era la de fuera, que todos eran unos aburridos. ¡Nos pintamos tan bonito ese mundo cuando estamos dentro de él, atrapados! Ahora que soy neutral, quiero tirar para otro lado. El mundo real y la vida es otra, y aunque sea jodida, te tienes que acostumbrar a enfrentarte a los problemas y no irte y desinhibirte con las drogas. Eso es la vida. A lo mejor, al final me gusta más la otra, sin preocupaciones y, aunque sin tener amigos, relacionándote con todo el mundo. Por eso me da pánico no encajar con otra gente, aburrirme.

Pero lo peor que puedes hacer es pensar que estás curado y, cuando vuelvas a la calle, pegarte un homenaje, como llamamos a los grandes consumos de perico. Soy una dependiente, y enseguida puedo volver a caer. Así que cero homenajes, cero pensar que estoy curada. Debo aprender a estar en la vida sabiendo que soy una toxicómana. La gente que nos ayuda aquí, en la clínica, nos aconseja que tengamos proyectos a corto plazo, que no hagamos grandes planes porque si no la frustración puede ser mayor. Yo creo que me diré a mí misma: “Esta semana no voy a consumir”.

 

“Ya no toco la cocaína porque sé que se me va de las manos, pero también sé que me encantará toda la vida”

 

Lo que haga a la semana siguiente ya se verá. Como comenta uno de mis compañeros de terapia, nuestro carácter no nos permite estar sentados en una terracita tomando una coca-cola. Somos demasiado impulsivos, tenemos que volver a nacer. ¿Sabré aburrirme, sabré estar sola, y encima con dinero en el bolsillo…? Y siempre con esos miedos en la cabeza, torturándote, sobre todo el de volver a defraudar a la gente que ha apostado por ti. ¿Y qué puedo pensar cuando oigo a algún paciente confesándome que aquí dentro sigue fantaseando con que se droga? En ese consumo imaginario, se ve a sí mismo echándose la coca en la pipa, fumándola (yo siempre la he esnifado), sientiendo su sabor…

Toda mi adolescencia y primeros años de juventud los he enfocado exclusivamente a la vida de la noche y las drogas.

Relacionándome sólo con un determinado tipo de gente. Y ahora tengo que cambiar mi existencia entera. Ya no toco la cocaína porque sé que se me va de las manos, pero también sé que me encantará toda la vida. Va a estar siempre en ese departamento del placer. Cuando cualquier cosa de la vida cotidiana te la recuerde, como una segunda copa, o hasta un folio blanco un poco doblado que veas al abrir un cajón, algo en ese departamento se va a encender y tu cabeza te la va a pedir inmediatamente. La verdad es que tengo mucho miedo a salir de aquí”.

 

Agencia Antidroga de Madrid .

Plan Nacional sobre Drogas


Ana Ces

Coordinadora de Programas de Fundació Fòrum

Ana