¿Qué es la Cocaína?

La cocaína es una droga estimulante y adictiva elaborada con las hojas de la planta de coca. También la pueden mezclar con otras drogas como la anfetamina (un estimulante) o con opioides sintéticos, entre ellos el fentanilo. Agregar opioides sintéticos a la cocaína es particularmente riesgoso cuando la persona que consume la droga no sabe que contiene otras sustancias peligrosas. La cantidad creciente de muertes por sobredosis de cocaína podría deberse a esta alteración de la droga.

 

La cocaína y su historia

La primera descripción clínica completa de la cocainomanía fue publicada por Erlenmeyer (1885) durante la denominada «primera epidemia» de consumo de cocaína que tuvo lugar a finales del siglo XIX. Freud había publicado en 1884 su trabajo Über Coca (objeto de serias críticas por parte del farmacólogo Louis Lewin y del propio Erlenmeyer) y, en 1885, hubo de escribir unas «No- tas sobre el ansia de cocaína y el miedo a la cocaína» en las que matizaba su opinión acerca del «carácter inofensivo» que había atribuido a la cocaína en su primera publicación (Freud, 1975). 

Durante la llamada «segunda epidemia» que tuvo lugar entre 1920 y 1930, el médico alemán Meyer (1925) describió con detalle las características clínicas de la psicosis cocaínica. Descripciones completas y minuciosas de la cocai- nomanía y de la psicosis cocaínica se hicieron también después a lo largo de la primera mitad del siglo XX por autores como el francés Claude (1933) y por otros muchos (Caballero, 1998). Sin embargo, a principios de los años 1980 la cocaína estaba comúnmente considerada como una «droga poco peligrosa». 

 

Una sustancia de uso limitado y elitista

El uso limitado y elitista de la cocaína después de la Segunda Guerra Mundial y hasta bien entrados los años 70 y el protagonismo de las anfetaminas en el mercado mundial de estimulantes contribuyeron, sin duda, a mantener esta idea de inocuidad o de baja peligrosidad de la cocaína. Incluso en ámbitos profesionales especializados y en la literatura psiquiátrica más prestigiosa (por ejemplo, en el capítulo de Grinspoon y Bakalar del Tratado de Psi- quiatría de Freedman, Kaplan y Sadock de 1980) la cocaína no se asociaba a problemas médicos graves, salvo en casos extremos que se suponían infre- cuentes. 

A partir de 1980, sin embargo, la eclosión de la denominada «tercera epidemia» en EE.UU. reveló la existencia de graves problemas sanitarios y socia- les asociados al consumo de cocaína (Jekel y cols., 1986). 

La investigación neurobiológica, epidemiológica y clínica sobre la cocaína realizada desde entonces apoya la incontestable existencia y la particularidad de las entidades clínicobiológicas «abuso» y «dependencia» de cocaína. Ambos trastornos son el resultado de una disregulación cerebral compleja que cursa con una expresión conductual, psicológica y neurofisiológica características (alteración del estado de ánimo, del impulso a consumir y de las funciones cerebrales ejecutivas). 

 

Estudios sobre la Cocaína

El conocimiento de estos hechos ha obligado, por un lado, a redefinir los conceptos básicos de «abuso», «dependencia» y «abstinencia» de drogas (Gawin, 1991; West, 2001); por el otro, ha impulsado extraordinariamente el conocimiento de la neurobiología del placer y de la motivación animal y del funcionamiento de las estructuras anatómicas que les dan soporte. 

Desde 1980, año tras año, las publicaciones relacionadas con la cocaína y la cocainomanía no han dejado de crecer. A comienzos del 2005 la base de datos médica Medline recogía más de 22.000 referencias bibliográficas sobre cocaína. Este manual intenta seleccionar y resumir de ese caudal ingente de información médica disponible, aquella imprescindible para abordar el diagnóstico y articular el tratamiento de la cocainomanía conforme al conocimiento actual. 

Estudios realizados en laboratorios de farmacología humana han mostrado que dosis únicas y pequeñas de cocaína producen un estado intenso de bienestar y de placer en alerta y una sensación de incremento de energía, autoestima, autopercepción de capacidad, emociones y sensaciones sexuales (Bolla y cols., 1998). Habitualmente, esta experiencia no se acompaña de alucinaciones ni de trastornos perceptivos relevantes, tiene una aparición rápida y una persistencia corta que varía en función de la cantidad consumida y de la ruta de administración (ver Tabla I). Cuando la cocaína se consume conjunta- mente con alcohol, a los efectos conjuntos de ambas drogas se suma el del cocaetileno, que es un metabolito más activo aún que la cocaína (Hart y cols 2000). El consumo conjunto de cocaína con heroína es también frecuente, pero menos que con alcohol. 

 

Efectos y duración

La cocaína tiene una vida media de eliminación plasmática de unos 90 minutos pero, con mucha frecuencia, se produce un fenómeno de tolerancia aguda o taquifilaxia, es decir, los efectos estimulantes desaparecen antes (p.ej. a los 40 minutos de ser inhalada, a los 5-10 minutos en la inyección intravenosa) de que la sustancia sea eliminada del organismo (Jufer y cols., 2000; Moolchan y cols., 2000). En sí mismo, este hecho farmacodinámico predispo- ne a repetir el consumo una vez realizado (apremio o «priming») y a acortar el intervalo entre las tomas (Bradberry, 2000). 

 

Nuevas conclusiones

Los estudios genéticos están aportando información crítica sobre cómo la herencia influye en el riesgo de la adicción a sustancias psicoactivas, incluyendo la cocaína. Además, con tecnologías más avanzadas de imágenes neurológicas, los científicos han podido observar los cambios cerebrales que resultan de la exposición crónica a las drogas o que ocurren cuando una persona adicta se ve expuesta a “señales” asociadas a las drogas, que pueden desencadenar un deseo vehemente por la misma y dar lugar a una recaída. Al realizar un mapeo genético y de las regiones del cerebro encargadas de los efectos diversos de la cocaína, estas nuevas tecnologías están ayudando a identificar nuevas estrategias en el tratamiento de la adicción a la cocaína.

El NIDA se mantiene alerta en la búsqueda de estrategias más eficaces para hacer frente a los graves problemas de salud pública vinculados al abuso de la cocaína. No sólo apoyamos una amplia gama de investigaciones básicas y clínicas, sino también facilitamos la aplicación de estos resultados al mundo real. Con este fin, nos esforzamos por mantener informado al público de los últimos avances científicos en el campo de la adicción. Esperamos que esta compilación de información científica sobre el abuso de la cocaína sirva para informar a los lectores sobre los efectos dañinos del abuso de la cocaína y que también ayude en nuestros esfuerzos para hacer frente al enorme costo personal y social causado por el uso de drogas y la adicción.

 

En la búsqueda de medicamentos seguros para tratar adicciones

En la actualidad no hay un medicamento aprobado por la Administración de Drogas y Alimentos (FDA, por sus siglas en inglés) de los Estados Unidos que sirva para tratar la adicción a la cocaína. Por lo tanto, el NIDA está trabajando intensamente para identificar y probar nuevos medicamentos que sean seguros y eficaces para tratar este tipo de drogodependencia. Varios medicamentos comercializados para el tratamiento de otras enfermedades (por ejemplo, baclofeno, modafinilo, tiagabina, disulfiram y topiramato) muestran potencial terapéutico y, en estudios clínicos controlados, se ha reportado que disminuyen el consumo de cocaína. Entre estos medicamentos, el disulfiram (utilizado para tratar el alcoholismo) ha sido el que más consistentemente ha disminuido el abuso de cocaína.

Por otra parte, los nuevos conocimientos sobre cómo cambia el cerebro cuando se consume cocaína están dirigiendo la atención hacia nuevos objetivos para el desarrollo de medicamentos. Los compuestos que actualmente se están probando para el tratamiento de la drogadicción se aprovechan de los cambios que la cocaína provoca en el cerebro, los cuales trastornan el balance entre la neurotransmisión excitatoria (el glutamato) y la inhibitoria (el ácido gamma-aminobutírico, conocido como GABA por sus siglas en inglés). Además, los receptores D3 de dopamina (un subtipo de receptor de dopamina) constituyen un novedoso objetivo farmacológico de gran interés. Actualmente se están investigando medicamentos que actúan sobre estos receptores para ver si son seguros para el uso en seres humanos. Por último, una vacuna contra la cocaína que impide la entrada de la cocaína al cerebro tiene un gran potencial para reducir el riesgo de las recaídas. Además de los tratamientos para la adicción, también se están desarrollando tratamientos médicos para hacer frente a las situaciones de emergencia agudas que resultan de las sobredosis de cocaína.

 

Intervenciones conductuales

Se ha encontrado que muchos tratamientos de modificación de la conducta son eficaces para tratar la adicción a la cocaína, tanto en ambientes residenciales como ambulatorios. De hecho, las terapias conductuales a menudo son el único tratamiento eficaz disponible para muchos de los problemas relacionados con las drogas, incluyendo las adicciones a estimulantes. Sin embargo, el enfoque más eficaz para tratar la adicción parece ser la integración del tratamiento conductual con el farmacológico.

Por ahora, no existen medicamentos probados para tratar la adicción a la cocaína. Consecuentemente, el NIDA está trabajando intensamente en identificar e investigar nuevos medicamentos.

 

Terapias cognitivas y conductales

Una forma de terapia conductual que está dando resultados positivos en la población de cocainómanos es el manejo de contingencias o incentivos para realzar la motivación. Los incentivos para realzar la motivación pueden ser particularmente útiles para ayudar a los pacientes a lograr la abstinencia inicial del consumo de cocaína y para posteriormente permanecer en tratamiento. Los programas usan un sistema basado en bonos o premios que recompensan a los pacientes que se abstienen del consumo de la cocaína y otras drogas. Basándose en las pruebas de orina que salgan libres de drogas, los pacientes se ganan puntos o fichas que pueden canjear por artículos que fomentan una vida saludable, tales como la inscripción a un gimnasio o salir a ver una película o a cenar. Este enfoque recientemente ha demostrado ser práctico y eficaz en los programas de tratamiento comunitarios.

La terapia cognitiva-conductual es un enfoque eficaz para prevenir las recaídas. Esta terapia se centra en ayudar a las personas adictas a la cocaína a abstenerse y a mantenerse abstinente del consumo de cocaína y otras sustancias. La hipótesis subyacente es que los procesos de aprendizaje desempeñan un papel importante en el desarrollo y la continuación del abuso y la adicción a la cocaína. Se pueden aprovechar estos mismos procesos de aprendizaje para ayudar a reducir el consumo de drogas y prevenir las recaídas. Este enfoque trata de ayudar a los pacientes a reconocer, evitar y enfrentar el consumo de drogas. Es decir, se les enseña a reconocer la situaciones en las que tienen más probabilidad de consumir cocaína, a evitarlas cuando sea posible y a enfrentar de manera más eficaz una serie de problemas y comportamientos asociados con el abuso de drogas. Esta terapia también es notable debido a que es compatible con una gran variedad de otros tratamientos que los pacientes pueden recibir, incluyendo la farmacoterapia.

 

¿De qué manera el consumo de cocaína conduce a la adicción?

Al igual que sucede con otras drogas, el consumo repetido de cocaína puede originar cambios a largo plazo en el circuito de recompensa y otros sistemas del cerebro, los que pueden llevar a la adicción. El circuito de recompensa con el tiempo se adapta a la dopamina extra que genera la droga y se vuelve paulatinamente menos sensible a su presencia. El resultado es que las personas consumen dosis más altas y con mayor frecuencia para sentir la misma euforia que sentían inicialmente y aliviar los síntomas de abstinencia.

Los síntomas de abstinencia incluyen:

  • depresión
  • fatiga
  • más apetito
  • sueños desagradables e insomnio
  • lentitud para pensar

Las muertes por sobredosis por consumo de cocaína están aumentando, y más de 16.000 personas murieron en 2019.

Fuente: Encuesta de Observación del Futuro de 2019.

 

¿Cómo se consume la cocaína?

Algunas personas aspiran el polvo de cocaína por la nariz o lo masajean en las encías. Otras lo disuelven y se lo inyectan en una vena. Hay quienes se inyectan una mezca de cocaïna y heroína conocida como “bola rápida” o speedball.

Otra forma común de consumo es fumar cocaína que ha sido procesada para crear un cristal de roca (también llamada cocaína base o cocaína purificada). El cristal se calienta y produce vapores que se inhalan y llegan a los pulmones. Esta forma de cocaína se llama crack por el sonido crujiente que hace la roca al calentarse. También hay quienes espolvorean la cocaína crack sobre tabaco o marihuana y la fuman como un cigarrillo.

Las personas que consumen cocaína a menudo lo hacen en atracones, es decir, consumen la droga en forma repetida durante un período de tiempo breve y en dosis cada vez más altas para mantener el estado de euforia o “high”.

 

Efectos a corto plazo

Los efectos a corto plazo del consumo de cocaína incluyen:

  • energía y felicidad extremas
  • alerta mental
  • hipersensibilidad a la luz, el sonido y el tacto
  • irritabilidad
  • paranoia (desconfianza extrema e injustificada de los demás)

Algunas personas hallan que la cocaína las ayuda a realizar simples tareas físicas y mentales más rápidamente, mientras que en otras el efecto es el opuesto. Grandes cantidades de cocaína pueden originar comportamientos violentos, extraños e impredecibles.

Los efectos de la cocaína aparecen casi de inmediato y duran entre pocos minutos y una hora. La intensidad y el tiempo de duración de los efectos dependen del método de consumo. La cocaína que se inyecta o fuma produce una euforia más intensa y rápida que la que produce la droga inhalada, si bien dura menos tiempo; la euforia que causa la inhalación de cocaína puede durar entre 15 y 30 minutos, mientras que la euforia que se genera al fumar la droga puede durar entre 5 y 10 minutos.

 

Efectos a largo plazo

Algunos de los efectos a largo plazo de la cocaína dependen del método de consumo e incluyen los siguientes:

  • si se inhala: pérdida del olfato, hemorragias nasales, nariz con goteo frecuente y problemas para tragar
  • si se fuma: tos, asma, dificultad para respirar y mayor riesgo de contraer enfermedades como la neumonía
  • si se ingiere por la boca: marcado deterioro del intestino debido a la reducción del flujo de sangre
  • si se inyecta con aguja: mayor riesgo de contraer el VIH, hepatitis C y otras enfermedades que se transmiten por la sangre; infecciones de la piel o de los tejidos blandos; cicatrices; colapso de las venas.

Ana Ces
Coordinadora de Programas de Fundació Fòrum

Ana