¿Qué papel juegan las emociones en la adicción?

Aún recuerdo la primera vez que alguien me explicó que A (lexema griego, implica negación)-dicción (palabra) y que su significado era No-Palabra.  En ese momento lo acabé de comprender, pues ¿qué tenía que ver las palabras con las dependencias a sustancias o comportamentales?

 

No saber poner palabra a lo que nos sucede,  querer esconderlo y guardárselo para uno mismo por miedo a que al verbalizarlo se vuelva más real. Eso es lo que tiene que ver con la aparición de dependencias. Esa necesidad creada cómo producto que desinhibe, o mejor dicho, desconecta de una realidad que cuándo se es adicto, causa sufrimiento.

 

Es conocido por todos que la adicción afecta directamente a la percepción y por ende al sistema límbico, siendo éste el encargado de procesar las emociones.

 

Los profesionales de la salud, nos encontramos con personas que emocionalmente son cómo niños/as en cuanto a identificación y gestión emocional, con un añadido: mayores prejuicios y miedos a verbalizar lo que sienten y piensan.

 

Cuándo desaparece el consumo de tóxicos, las emociones suelen volver a aparecer, y los sujetos no saben cómo identificarlas. Los tóxicos y la dependencia no sólo impide que pensemos de forma correcta, sino que también producen una distorsión emocional en la que se magnifica todo lo que sucede. Es decir, que presentan una activación e integración anormales de los estados emocionales.

 

Cuándo se inicia el tratamiento, los pacientes muchas veces en situaciones cotidianas pueden desencadenar un enfado con ira elevado,  el cuál cuando se trabaja se acaba convirtiendo en un aprendizaje de sí mismo y les sirve para entender que el cómo reaccionan ante las emociones depende más de ellos mismos que de los demás.

 

Des de Fundació Fòrum Terapèutic, partimos de la base de que un tratamiento de adicciones nunca se puede limitar únicamente a la eliminación de la conducta a la que se es adicta, sino que es necesario un cambio de funcionamiento mucho más profundo. Trabajando a parte de la re-inserción social y laboral, la autorregulación. Esto incluye la tolerancia a la frustración, el manejo de los estados emocionales negativos y positivos, la capacidad de demora de la recompensa (es decir, la constancia y la capacidad de marcarse objetivos a largo plazo), la capacidad de afrontamiento de las situaciones de riesgo (teniendo siempre en cuenta cómo están) y el desarrollo de la empatía (pues saber identificar cómo esta uno mismo y entender cómo afecta en los demás lo que hacemos es básico para poder relacionarnos en condiciones).

 

Elisabet Céspedes
Psicóloga Sanitaria y Directora de programas de Fundació Fòrum Terapèutic
Col. 25847

Psicóloga Sanitaria y Directora de programas de Fundació Fòrum Terapèutic
Col. 25847