¿Qué uso hacemos de las nuevas tecnologías y del teléfono móvil?

Vivimos en tiempos dónde la inmediatez se antepone a las prioridades. Es más fácil olvidarse las llaves de casa que el teléfono móvil. En los que la sociedad se ha visto obligada a poner nombre a ese miedo irracional de no tener el teléfono disponible, nomofobia le llaman, en España lo sufren el 77% de las personas y un 75% de la población mundial afirma tener dependencia del teléfono.

Si bien es cierto que España, es el país europeo con más adolescentes con adicción a la red (32,3%), la media europea se sitúa en el 12,7%.
Esta facilidad de acceso al teléfono de forma constante, provoca una falsa necesidad de estar IN constantemente, causando a la larga un aumento de frustración, estrés, ansiedad, impulsividad y cobardía.
Se reduce la necesidad de socializar quedando físicamente, de hablar en directo, pues esconderse detrás de una pantalla es mucho más fácil. Poder declararse a una chica o a un chico, pedir disculpas, expresar desagrado o enfado, incluso indiferencia, si no me ven o si sale mal, puedo esconderme en casa.

Lo que diferencia actualmente a los adultos de los jóvenes respecto a los riesgos del uso abusivo del teléfono y de las redes sociales, es que los adultos crecimos sin móvil ni internet en el bolsillo de modo que desarrollamos una capacidades / habilidades sociales que los jóvenes están aprendiendo a no desarrollar, tampoco aprenden a ser ellos ya que “se ahorran pasar por el mal trago” para posteriormente no saber afrontar la situación in vivo, o incluso aprenden a dar la importancia en aparentar “tenemos que hacer una foto riéndonos como si…” al lugar de disfrutar de lo que se esta haciendo.

Otro de los riesgos del fácil acceso al móvil en adolescentes es que por ejemplo facilita el control constante de “¿por qué no me contestas?” “¡Me estas ignorando!” potenciando discusiones constantes y malentendidos que ponen en riesgo las relaciones sociales e incluso fomentan el control y la violencia física o verbal en las relaciones de pareja de adolescentes, dónde aprenden que el amor va relacionado con el control.
También hay poca conciencia de lo que sucede cuándo colgamos fotos en la red, del poco control que hay sobre quién ve o verá la foto, y sobre que uso debido u indebido se hará con ella.
Ese descontrol en el uso del teléfono y de nuevas tecnologías también causa mal ambiente familiar, añadiendo en las dinámicas familiares agresividad, ansiedad y estrés y potenciando siempre un déficit en la comunicación intrafamiliar siendo ésta la primera causa de conflictos familiares i patológicos.

No podemos culpar únicamente a los jóvenes y adolescentes del mal uso que realizan ya que muchas veces repiten patrones que ven en sus casas, en la que responder un mail de trabajo en medio de la cena es aceptado, pero contestar un whats es sancionado.
Estamos viviendo en una sociedad en la que importa más una conversación virtual que pasar tiempo con esa persona. ¿Qué ha pasado con el disfrutar de la compañía tomando ése preciado café?, o ¿ésa excursión por la montaña en familia en la que hacíamos una foto y hasta que la revelábamos no sabíamos si había salido bien o no?, ahora lo que importa no es la excursión sino lograr una foto que consiga likes.

Psicóloga Sanitaria y Directora de programas de Fundació Fòrum Terapèutic
Col. 25847